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martes, 1 de abril de 2014

En memoria de Carlos Arigón , ceramista, docente


En junio del 2013 falleció Carlos Arigón.
Ceramista, docente, amigo, compañero del Colectivo Cerámica Uruguay, organizador de encuentros de ceramistas fue también  Integrante del Consejo Asesor de la Fundación Rubial.
Yo conocí a Carlos como Integrante del Consejo Asesor de la  Fundación Lolita Rubial.
El entregó el Premio Morosoli al Encuentro de Ceramistas y también entregó el premio al Taller de Montevideo, que dirijo con Pablo Salgueiro.
Siempre estaba disponible y sonriente, siempre con ganas de hacer cosas.

También lo visité en algún Día del Patrimonio en su taller, que abría al público con el lema:
Taller Urucraft.  Somos lo que hacemos. Creatividad y Trabajo son nuestro principal Patrimonio.

Para una muestra de fin de año en su taller, Carlos escribía: 
"el próximo Sábado  habrá varios acontecimientos simultáneos en este antro mágico.
Desde los destilados de óxidos a los barros tibios, desde las formas puras hasta las texturas extravagantes, desde las integraciones de numerosos materiales hasta el prodigio de lo simple,
habrá de todo para ilusionarse, para sensibilizarse,
para entregarse a la plenitud de los actos creativos (la magia)
entre mosaicos, esculturas, objetos utilitarios, luminarias y alguna sorpresa.

Bienvenidos los atrevidos, los audaces y los serenos;
Bienvenidos los amantes, los apasionados y los turbulentos;
Bienvenidos los críticos, los lúcidos y los reflexivos;
Aquí hay un lugar para la tolerancia, la búsqueda y la indagatoria.
Y por ello, compartimos".

Me quedo con una frase que le escuché muchas veces y que solía escribir en sus mails cuando invitaba a las muestras-celebraciones de fin de año en su taller: A celebrar por las transformaciones de que somos capaces!!! Prof. Carlos Arigón Molles


Como homenaje transcribo una carta que le escribió una alumna de su taller, en Marzo de 2006 y que ella compartió conmigo. Muestra bien quien era Carlos, como ser humano, frente a la docencia, a la cerámica, frente a la vida.
Hasta siempre.

Carlos Arigón Molles. Ceramista
Foto Colectivo Cerámica Uruguay

Para el Profe Carlos Arigón 
Marzo 2006

Soy alumna del Taller URUCRAFT
Gracias Profe Carlos por todo lo que nos enseñás!
Es un placer aprender y crecer
Nos exigís, nos liberás, nos metés en cuanto desafío podés.
Tierra, agua, aire, fuego… más el amor que le ponemos.
Cuenco que ofrece alimento para el pueblo, jarrón de lujo que ostenta el reino
Antiguo, nuevo, frágil y bello, siempre perdurable en el tiempo.
Memoria viva en cada intento, como un cuento vibrante en todo momento.
Amasamos arcilla y vida en cada pieza, alentamos un sueño sin impaciencia.
Risas o lágrimas nos acompañan, entrenamiento continuo para la calma.
Se trata sólo de dominar el agua... Tan sencillo como vivir sin dramas!
Tomamos mate con cosas ricas, mientras hablamos de nuestras cuitas.
Nos contentamos con los logros, los de cada uno y los de todos.
Amortiguamos las frustraciones, dándonos ánimo sin condiciones.
El Universo nos ha reunido a grandes y chicos por algún motivo.
Gracias de nuevo por permitirlo!!
Susana

viernes, 28 de diciembre de 2012

Eduardo Rubio ceramista- Murales







Eduardo Rubio - Ceramista
Mural







Eduardo Rubio - Ceramista
Mural



lunes, 24 de diciembre de 2012

Rosina Rubio - Ceramista


De la serie: Atando con hilitos.




Rosina Rubio
Cerámica
Cocción: oxidación 1040 grados, esmaltes, engobes y óxidos
Modelada a mano














Rosina Rubio













Rosina Rubio










Rosina Rubio




Fotografías: Juan Pablo Landarín

sábado, 22 de diciembre de 2012

Eduardo Rubio, ceramista 1926 - 2012



        Mi padre  Eduardo Rubio dedicó gran parte de su vida a la cerámica. Había nacido en 1926, en Buenos Aires, en un hogar de inmigrantes españoles, humildes pero con un verdadero valor de la cultura. De pequeño le encantaba dibujar y cuando yo era niña me contaba de algunos maestros que lo habían estimulado,  habían moldeado su fantasía, su creatividad (entre ellos recuerdo al maestro Pose, a quien le  guardaba un gran afecto y admiración). Durante su juventud, estudió Bellas Artes en Buenos Aires, en la “Escuela Manuel Belgrano”, en la “Escuela Pueyrredón” y luego en la “Escuela De la Cárcova”.

Fue discípulo de Lino Enea Spilimbergo, figura sobresaliente del movimiento moderno en Argentina, y se especializó en pintura mural en la academia de ese profesor, realizando junto a él, varios murales en edificios públicos y privados.

En 1956, recién casado con mi madre, Beatriz Magliati, el joven matrimonio se afincó en Montevideo y juntos crearon el Taller de Expresión Plástica de Montevideo, primer centro especializado en la docencia de artes para niños.

En sus primeros meses en la capital, Rubio tomó contacto con Carlos Páez Vilaró, con quien luego realizó varios murales (en Montevideo y Punta del Este). La pareja se integró a la vida del “Taller de Artesanos”. A partir de entonces, mi padre entabló amistad con Marco López Lomba, pionero de la cerámica en nuestro país., quien le mostró su forma de trabajar e inclusive le brindó generosamente la oportunidad de usar su taller, en los primeros tiempos. Como decía mi padre, él aprendió mirando.

En 1961, volviendo a su primera formación en la Argentina,  mi padre ocupó el cargo de profesor de técnicas de pintura mural en ENBA. En el Taller de Montevideo enseñó cerámica durante muchos años (además de pintura, grabado y mosaico)

Continuando con la cerámica, y ya en su taller propio, aprendió a preparar sus materiales, a diseñar y fabricar su propio equipo (mi padre se hizo su primer horno, que hasta el día de hoy funciona), siguiendo por mesas, batidoras, herramientas. Producía por placer y también como forma de sustento desde piezas utilitarias y para decoración, como pies de lámparas, vajillas, platos, murales.

Expuso en varias ocasiones en exposiciones individuales y colectivas (algunas de cerámica, otras de pintura),  en las galerías “Pozzi” y “Lirolay” (Argentina), en Punta del Este, Durazno, Paysandú, entre otros lugares. En Montevideo lo hizo en “Galería U”, “Galopar”, “Asociación Cristiana de Jóvenes”.

En mi infancia yo amaba ir a su taller y verlo trabajar, en el torno, probando esmaltes, esgrafiando. Lo acompañaba a ir a buscar la greda para agregarle a la pasta para hacerla más plástica.
En mi casa, los objetos de uso estaban hechos por mi padre: platos, vasos, cafeteras y tazas convivían con nosotros diariamente.

Mi padre me enseñó a amar la cerámica y la magia del fuego. Fue una persona intimista y hasta reservado, poco afecto a mostrarse, con una concepción casi de otra época, casi reacio a promocionar su trabajo pero con una gran capacidad de disfrute.
Muchas veces me mostraba emocionado una pieza que salía del horno, un invento de texturas diversas, pruebas de nuevos esmaltes. Nunca lo ví ansioso por una horneada: aceptaba que la cerámica exige una espera y la disfrutaba. Mientras la pieza que estaba haciendo se secaba, o estaba en el horno, él inventaba otra cosa.





En estos platos comíamos mis hermanos y yo.







Jarra y vasos, esmalte esgrafiado


Florero, esmalte esgrafiado.



                                                      foto: Alexandrra Novoa





Eduardo Rubio
Cerámica 1040 grados, oxidación 
Florero, esmalte esgrafiado



Mural 1970
Eduardo Rubio




                                                  Foto: Juan Pablo Landarín

Este ángel tenía la función de campana. 
La hizo para mí cuando yo era chica y aun rota, la conservo con cariño.

Estas son algunas de las piezas que me acompañaron en mi infancia y que me marcaron en mi destino como ceramista.